lunes, 28 de octubre de 2019

They're back...!?

Fuernte: Wikipedia, la enciclopedia libre

   Como se puede observar en el mapa, la elección general fue mucho más pareja que la primaria de agosto, ganando Cambiemos en toda la región centro—en donde a gobernador había triunfado el PJ "del medio". El análisis más sencillo pero no por eso erróneo es que Alberto Fernández perdió en toda la zona que el kirchnerismo entregó luego del conflicto con el campo, con la evidente excepción del 54% de 2011 (aunque igualmente sus resultados en esas provincias estuvieron por debajo de la media nacional). De hecho, el mapa se asemeja mucho al del ballottage 2015 en la que Sholi terminó triunfando en la provincia de Buenos Aires pero por una diferencia mucho menor que la de Alberto. La comparación de estos resultados marca los límites del triunfo del ex jefe de Gabinete, que fue tremendamente contundente pero quedó tan pegado al kirchnerismo que no pudo ampliar la base de sustentación sobre lo que fue la década K del 2009 en adelante. El mismo déficit había tenido Sholi y perdió la elección por 700 mil votos cuando el entonces oficialismo arrastraba un desgaste de doce años (últimos cuatro estancados y con cepo). No se necesita haber estudiado demasiado para especular que la fórmula con Zannini habría tenido un resultado similar al de Alberto-CFK de haber repetido este año, ya que toda la diferencia la puso el fracaso económico macrista evidenciado por los dos años seguidos de caída y la intervención del FMI.
   
   ¿Dónde perdió votos—dos millones, para ser precisos—el presidente actual? Sobre todo en la Primera y la Tercera Secciones bonaerenses, claro. En el 2015 había sacado 1,6 millones de votos en la Primera y 1,37 millones en la Tercera y ahora sacó 1,2 y 955 mil respectivamente (contra 1,7 y 1,96 de Sholi y 1,77 y 2,05 millones de Alberto), o sea que a pesar del aumento de población el ex Cambiemos perdió más de 800 mil votos entre esos dos distritos. En la Capital y el Interior bonaerense, por otro lado, perdió 250 mil votos mientras que Alberto sumó 100 mil más que el ex gobernador. Es decir que sólo en Buenos Aires Macri perdió más de un millón de votos y Alberto ganó 200 mil. Si a eso le agregamos que Cambiemos es oficialismo en la provincia, la derrota es mucho más dramática.

sábado, 3 de agosto de 2019

PASo a PASO se llega al mismo lugar

   A una semana de las PASO, y ya teniendo definido a grandes rasgos cuál es el panorama, considero que ya no hay excusas para seguir demorando el análisis previo de las elecciones. Sabemos que lo más probable es que el candidato más votado sea Alberto Fernández y que Macri salga segundo con Lavagna muy lejos, y de la misma forma sabemos que seguramente Axel Kicillof gane en la primaria la competencia en provincia de Buenos Aires contra María Eugenia Vidal. El resto del país no está tan claro pero convengamos que importa bastante menos, el frente que gane la gobernación en octubre probablemente se lleve también la presidencia—sea en primera vuelta al superar los 45 puntos o en la segunda por el impulso que eso da, como ocurrió en el 2015.

   Para empezar vamos a ver cómo fueron las últimas dos primarias nacionales. Sé que técnicamente es incorrecto comparar legislativas con presidenciales pero como se comportaron básicamente como un plebiscito de la gestión de Macri me tomo el atrevimiento de hacerlo. Como siempre, enormes gracias a Andy Tow (@andy_tow) por su Atlas Electoral que facilita la presentación.

Fuente: Atlas Electoral de Andy Tow disponible en
https://www.andytow.com/atlas/totalpais/calendario.html

   Como se puede apreciar a simple vista, hubo un enorme avance del Frente Cambiemos en desmedro del Frente para la Victoria, tanto es así que Scioli había sacado 38% de los votos (más de ocho millones) y dos años más tarde Unidad Ciudadana quedó en 30%, debajo de los siete millones de votos. En contrapartida, Cambiemos pasó del 30% sumando Macri, Sanz y Lilita Carrió al 37% (de seis millones y medio a más de ocho millones), o sea prácticamente la inversa. Está claro que esta elección no será como la del 2017 porque la economía no parece mostrar recuperación fuera del sector agropecuario, pero hay un factor decisivo que hace que tampoco pueda ocurrir como en el 2015: la ausencia de una tercera opción competitiva. Y es que Massa y De la Sota habían sumado cuatro millones y medio de votos en el 2015 (20%), mientras que en el 2017 cayeron por debajo de los dos millones (9%), y a no ser que haya una enorme sorpresa el resultado de Lavagna va a ser más parecido al segundo caso.
   ¿De qué forma estará 'pintado' el mapa a la mañana del 12 de agosto (si no hay problemas con el sistema utilizado para el escrutinio provisorio, esto es)? Es muy arriesgado jugársela porque la metodología de las encuestas está muy discutida y además depende mucho del nivel de participación—recordemos por ejemplo que en agosto de 2015 había habido inundaciones y eso hizo que en Santa Fe sólo fuera a votar el 66% de la población—que generalmente es más bajo en las primarias. Suponiendo un 72% de participación como en las últimas dos PASO (y aclarando que es un juego) esta es mi apuesta:


Fuente: Simulador de Andy Tow, disponible en
http://andytow.com/scripts/simulador.php
   Cabe aclarar que está hecho en base a las elecciones del 2015 porque se reemplazan los 130 diputados de ese período, los senadores no están correctamente distribuidos (porque corresponden a los elegidos en el 2013) pero sería básicamente la misma cuenta—con el detalle que en Santiago del Estero probablemente no entre ninguno de Juntos por el Cambio y sí la ex gobernadora del Frente Cívico, Claudia Ledesma Abdala. Otro detalle es que en Santa Cruz se vota a gobernador con Ley de lemas pero no pueden ir pegados a los candidatos presidenciales, entonces puede ocurrir que a nivel presidencial el más votado sea Alberto Fernández pero el radical Eduardo Costa derrote a la tía Alicia Kirchner. Del mismo modo, los resultados de Salta y Entre Ríos son arriesgados así que está por verse. Igualmente, el único resultado que importa es el de Buenos Aires, como ya dijimos.

   En ese sentido corresponde comparar las últimas elecciones en la provincia que concentra el 37% de los votos, para ver dónde se va a jugar gran parte de la batalla. 
Fuente: Atlas Electoral de Andy Tow disponible en

   Desde ya hay que aclarar que la distribución está dividida a grandes rasgos en tres tercios: la Primera Sección, la Tercera Sección (o sea, las dos que están azules en el segundo mapa) y el Interior + la Sección Capital—id est la Segunda, la Cuarta, la Quinta, la Sexta, la Séptima y La Plata, todo de amarillo. En la Tercera está la mayor concentración de votos del kirchnerismo, sumando más del 40% del total de sus votos en ambas elecciones en un territorio que representa el 35% de la provincia. A la inversa, en el Interior + Capital Cambiemos obtuvo casi el 40% de sus votos en el 2015 y 36% en el 2017, cuando ese bloque es el 30% de la provincia. Pasando en limpio:
     
Fuente: Elaboración propia en base al Atlas Electoral de Andy Tow,
disponible en https://www.andytow.com/atlas/totalpais/calendario.html

   Este cuadro no aporta información nueva pero sirve para pasar en limpio por qué, aunque como sabemos todos los votos valen uno, la Primera Sección es decisiva al ser la que más se parece al resultado total. Tanto en las PASO de 2015 como en las de 2017 ganó ahí el peronismo pero por muy pocos votos (lo que luego se revertiría en las generales, pero eso queda para otro momento). Entonces, es ahí donde ambos deben ir a buscar con más insistencia votos, sobre todo el gobierno que debe intentar no perder por mucho. En ese territorio hay partidos más favorables al ex Cambiemos como San Isidro y Vicente López y otros esquivos como Merlo y José C. Paz, por lo que será fundamental ver el comportamiento de los votantes en distritos de ex massistas como Tigre y San Fernando. En un segundo plano, también deberá intentar recuperar los votos perdidos en La Plata y en Mar del Plata—los distritos de mayor peso extra Conurbano. En la Tercera lo más probable es que el peronismo recupere Quilmes y Lanús, que perdió en el 2015 producto de la ola anti-Morsa. Es paradójico pensar que hace menos de dos años el gobierno creía honestamente que podía llegar a ser competitivo en Lomas de Zamora, Avellaneda o La Matanza, hasta que se le cruzó la realidad.

   En síntesis, no se puede especular mucho más. Se sabe a grandes rasgos cómo puede salir y dónde están los distritos más competitivos en los que hay que poner el foco, sólo resta esperar.

   Mientras tanto, podemos empezar a especular con la conformación del Congreso para el año próximo, sobre todo por si vuelve a ser discutida la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). Antes que nada quiero decir que soy pesimista con que se pueda aprobar, por lo menos en las mismas condiciones que el año pasado. El panorama en el Senado no parece cambiar demasiado, se sumarían dos votos verdes por Capital pero se perderían dos en Chaco por Capitanich. Mientras, en Diputados avanzan los evangélicos en las listas y eso hace que una votación pareja sea incluso más cerrada.

Recordemos cuántos renuevan en Diputados:
- Buenos Aires 35 (12 del FpV-PJ, 9 del PRO, 6 del Frente UNA, 3 de la UCR, 2 de RED, 1 del Evita, 1 de Consenso Federal y 1 de IS-FIT, o sea 21 del Frente de TODOS12 de Juntos por el Cambio, 1 de Consenso Federal y 1 del FIT): 25 verdes y 8 celestes [más Monzó y De Vido que no votaron]
- Ciudad de Buenos Aires 12 (6 del PRO, 3 del FpV-PJ, 1 del Frente UNA, 1 de SOMOS y 1 de Consenso Federal, o sea 6 de Juntos por el Cambio, 5 del Frente de TODOS1 de Consenso Federal): 7 verdes y 5 celestes
- Catamarca 2 (1 del FpV-PJ y 1 de la CC, o sea 1 del Frente de TODOS y 1 de Juntos por el Cambio): 1 verde y 1 celeste
- Chaco 3 (2 del FpV-PJ y 1 de la UCR, o sea 2 del Frente de TODOS y 1 de Juntos por el Cambio): 2 verdes y 1 celeste
- Chubut 3 (2 del FpV-PJ y 1 del CEyT, o sea 3 del Frente de TODOS): 2 celestes y 1 verde
- Córdoba 9 (2 del PRO, 2 de la UCR, 2 de Córdoba Federal, 1 del FpV-PJ, 1 de FORJA y 1 de la CC, o sea 5 de Juntos por el Cambio, 2 del Frente de TODOS y 2 de Córdoba Federal): 6 celestes y 3 verdes
- Corrientes 4 (1 del FpV-PJ, 1 de la UCR, 1 del Evita y 1 de Justicialista, o sea 2 del Frente de TODOS, 1 de Juntos por el Cambio y 1 de Consenso Federal): 2 verdes y 2 celestes
- Entre Ríos 4 (2 del FpV-PJ, 1 del PRO y 1 de la UCR, o sea 2 del Frente de TODOS y 2 de Juntos por el Cambio): 2 verdes y 2 celestes
- Formosa 3 (2 del FpV-PJ y 1 de la UCR, o sea 2 del Frente de TODOS y 1 de Juntos por el Cambio): 2 celestes y 1 verde
- Jujuy 3 (1 de la UCR, 1 de Consenso Federal y 1 de Justicialista, o sea 2 de Consenso Federal  y 1 de Juntos por el Cambio): 2 verdes y 1 celeste
- La Pampa 2 (1 de la UCR y 1 Justicialista, o sea 1 de Juntos por el Cambio y 1 de Consenso Federal): 2 verdes
- La Rioja 3 (1 del PRO, 1 del Frente UNA y 1 de Justicialista, o sea 1 de Juntos por el Cambio, 1 del Frente de TODOS y 1 de Consenso Federal): 2 celestes y 1 verde
- Mendoza 5 (2 del PRO, 1 del FpV-PJ, 1 de la UCR y 1 de Justicialista, o sea 3 de Juntos por el Cambio, 1 del Frente de TODOS y 1 de Consenso Federal): 3 verdes y 2 celestes
- Misiones 4 (3 del Frente de la Concordia y 1 del FpV-PJ, o sea 3 del Frente de la Concordia y 1 del Frente de TODOS): 3 verdes y 1 celeste
- Neuquén 2 (1 del PRO y 1 del FpV-PJ, o sea 1 de Juntos por el Cambio y 1 del Frente de TODOS): 2 verdes
- Río Negro 3 (1 del PRO, 1 del FpV-PJ y 1 del Evita, o sea 2 del Frente de TODOS y 1 de Juntos por el Cambio): 3 verdes
- Salta 4 (2 de Justicialista, 1 de la UCR y 1 de Salta Somos Todos, o sea 2 de Juntos por el Cambio y 2 de Consenso Federal): 4 celestes
- San Juan 3 (1 del FpV-PJ, 1 de Somos San Juan y 1 del Partido Bloquista, o sea 2 de Consenso Federal y 1 del Frente de TODOS): 3 celestes
- San Luis 2 (2 de Unidad Justicialista, o sea 2 del Frente de TODOS): 2 celestes
- Santa Cruz 2 (1 del FpV-PJ y 1 de la UCR, o sea 1 de Juntos por el Cambio y 1 del Frente de TODOS): 1 verde y 1 celeste
- Santa Fe 10 (3 del PRO, 2 del FpV-PJ, 1 de la UCR, 1 del Frente UNA, 1 del Evita, 1 de Consenso Federal y 1 de Primero Argentina, o sea 5 del Frente de TODOS, 4 de Juntos por el Cambio y 1 de Consenso Federal): 6 celestes 4 verdes
- Santiago del Estero 4 (3 del Frente Cívico por Santiago y 1 del Frente UNA, o sea 4 del Frente de TODOS): 3 celestes y 1 verde
- Tierra del Fuego 3 (2 del FpV-PJ y 1 del PRO, o sea 2 del Frente de TODOS y 1 de Juntos por el Cambio): 3 verdes
- Tucumán 5 (2 del FpV-PJ, 1 del PRO, 1 de Evolución y 1 de Justicialista por Tucumán, o sea 2 de Juntos por el Cambio, 2 del Frente de TODOS y 1 de Consenso Federal): 3 celestes y 2 verdes
TOTAL 130 (38 del FpV-PJ, 28 del PRO, 15 de la UCR, 10 del Frente UNA, 7 de Justicialista, 4 de Consenso Federal, 4 del Evita, 3 del Frente Cívico por Santiago, 3 del Frente de la Concordia, 2 de la CC, 2 de Córdoba Federal, 2 de Unidad Justicialista, 2 de RED, 1 de SOMOS, 1 de FORJA, 1 de IS-FIT, 1 de Evolución, 1 de CEyT, 1 de Justicialista por Tucumán, 1 de Salta Somos Todos, 1 de Somos San Juan, 1 del Partido Bloquista y 1 de Primero Argentina, o sea 63 del Frente de TODOS, 47 de Juntos por el Cambio, 14 de Consenso Federal, 3 del Frente de la Concordia, 2 de Córdoba Federal y 1 del FIT): 71 verdes y 57 celestes [más Monzó y De Vido que no votaron]

   Según mi apuesta el Frente de Todos sacaría 62 bancas o sea que estaría manteniendo todas las que pone en juego lo mismo que el FIT con la única que disputa, mientras que Cambiemos sumaría unas 8 bancas y Consenso Federal perdería 5 en desmedro de Espert y el cordobesismo de Schiaretti y el Frente de la Concordia misionero perderían sus bancas al ir con boleta corta. Parece un escenario bastante lógico así que no creo que le erre por mucho. Como se ve, el mayor problema está en que se necesita renovar 71 bancas que votaron a favor del aborto legal contra 57 antiderechos y eso parece complicado, sobre todo cuando hay gestos como el del oficialismo de bajar de la lista a Lipovetzky para meter al peronista filonazi Alberto Asseff. Habrá que ver.
   Addendum: Lousteau probablemente gane una banca en el Senado así que sería reemplazado por Álvaro de Lamadrid, que también se manifestó a favor del aborto legal así que eso no cambia. Ídem con la ex gobernadora santiagueña, que votó en contra.

   Por su parte, estas son las bancas que se ponen en juego en el Senado:
- Ciudad de Buenos Aires: Pinedo y Varela por el PRO, Solanas por Proyecto Sur-UNEN (serían reemplazados por Lousteau Tagliaferri por Juntos por el Cambio y Recalde por el Frente de TODOS)
- Chaco: Pilatti Vergara por el FpV-PJ, Aguilar por Justicialista y Rozas por la UCR (serían reemplazados por Capitanich por el Frente de TODOS y Zimmermann por Juntos por el Cambio y Pilatti Vergara renovaría, si Capitanich luego ganase la gobernación entraría Rodas)
- Entre Ríos: Guastavino y Kunath por Justicialista, De Ángeli por el PRO (serían reemplazados por Kueider y Cora por el Frente de TODOS, De Ángeli renovaría y si llegara a salir primero Juntos por el Cambio entraría Olalla)
- Neuquén: Pereyra y Crexell por el MPN, Fuentes por el FpV-PJ (serían reemplazados por Parrilli por el Frente de TODOS, Quiroga por Juntos por el Cambio y por la segunda banca de la mayoría o Sapag o Crexell)
- Río Negro: Pichetto por el Frente Republicano, Odarda por el Frente Progresista y García Larraburu por el FpV-PJ (serían reemplazados por Doñate por el Frente de TODOS y Weretilneck por Juntos Somos Río Negro mientras que renovaría García Larraburu)
- Salta: Urtubey por Justicialista, Fiore Viñuales por PARES y Romero por Justicialista 8O (serían reemplazados por Leavy y Moisés mientras que Romero reelegiría)
- Santiago del Estero: Itúrrez y Porcel de Ricobelli por el Frente Cívico por Santiago y Montenegro por el Frente Popular (serían reemplazados por Ledesma Abdala y Neder por el Frente Cívico por Santiago o Itúrrez como acompañante de Montenegro en el Frente de TODOS)
- Tierra del Fuego: Catalán Magni y Ojeda por Justicialista y Boyadjian por el MPF (serían reemplazados por Rodríguez y Duré por el Frente de TODOS y el ganador de la interna de Juntos por el Cambio, Stefani o Blanco)
TOTAL: 12 celestes, 11 verdes y 1 abstención (que serían reemplazados por 10-12 celestes y 9-11 verdes faltando algunas definiciones; tanto Juntos por el Cambio como el Frente de TODOS sumarían 3-4 bancas que antes estaban en otros bloques, pasando de 5 á 8 y de 11 á 15 respectivamente)

   A esto hay que sumarle que Perotti va a ser reemplazado por Mirabella y que, de ganar la fórmula Fernández-Kirchner, la banca de Cristina sería ocupada por Di Tullio que obviamente está a favor. Como se ve, difícilmente se pueda recortar la diferencia si no hay una jugada política para que algunos celestes no vayan a votar como pasó con el matrimonio igualitario (y que muchos creíamos que Pichetto podía hacer en su rol de Frank Underwood). Al menos sabemos que la puntana Catalfamo va a poder participar de un futuro debate.

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POST ELECCIONES:

   
Bueno, puedo decir con seguridad que ni en el más placentero sueño Alberto y Kicillof imaginaban ganar por la diferencia que lo hicieron. Como se ve, pintaron la Argentina de azul ganando incluso en distritos en donde Scioli había perdido en las PASO 2015, esto es Mendoza y San Luis. Además Kicillof triunfó en gran parte de la provincia (y en muy pocos lugares como Berazategui o Escobar sacó menos votos que los intendentes, algo que se especulaba podía ocurrir), incluso en la capital gobernada por Garro. Es más: uno de los pocos distritos peleados que pudo mantener el oficialismo fue Mar del Plata, perdiendo en Quilmes, Lanús y Tres de Febrero, por ejemplo. Recuerdo que en el 2017 había comparado los resultados con Alfonsín '85 y dicho que no se parecía tanto porque el bipartidismo había hecho que pasara de ganar en 20 distritos a imponerse únicamente en Córdoba y Río Negro—que decían que era el significado de la sigla UCR—pero lo cierto es que en plena híper en el '89 Angeloz superó a Menem en Córdoba, Chubut, Salta y Ciudad de Buenos Aires, o sea un resultado incluso mejor. Es más: faltan las generales de octubre, pero si se da la lógica esta va a ser la peor elección presidencial de un oficialismo desde la vuelta de la democracia.
Fuente: Wikipedia, la Enciclopedia Libre disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_presidenciales_de_Argentina_de_1989


   Con un resultado tan contundente cualquier análisis se queda corto ya que todos sabíamos que la economía influiría pero no conocíamos hasta que punto, de todas maneras volví a hacer la comparación con la elección de hace cuatro años. Como queda claro en los cuadros de abajo, el oficialismo mejoró su participación en el norte (mucho menos de lo que se esperaba ya que perdió en las provincias gobernadas por los ¿socios? radicales, Jujuy y Corrientes) y en contrapartida el Frente de Todos creció en la zona centro—específicamente en Córdoba y Santa Fe, en donde Cambiemos conseguiría sus mejores logros en la general.
   En Buenos Aires, ambos mejoraron su participación en la Primera Sección contra la Tercera y el Interior (que siguieron siendo la base de los frentes), pero está claro que con el poskirchnerismo superando el 50% no hay mucho más para decir. Kicillof no sólo no fue la Morsa sino que superó incluso a la Morsa más Julián Domínguez por diez puntos, el resultado fue tal que hasta resulta difícil argumentar que si Vidal separaba la elección a gobernador ganaba.


Fuente: Elaboración propia en base a los resultados oficiales y al Atlas Electoral de Andy Tow,
disponible en 
https://www.andytow.com/atlas/totalpais/calendario.html
   Como todo parece estar definido en las elecciones ejecutivas (la única incógnita es si Macri no terminará haciéndole perder la ciudad a Rodríguez Larreta, pero por lo menos en las PASO superó el 50% sin contar el voto en blanco así que es difícil imaginar una derrota), es momento de mirar cómo quedarían distribuidas las bancas. Recordemos que Cambiemos ponía en juego 47 bancas y el Frente de Todos 63 en diputados. Debo decir que fuera del resultado en Buenos Aires en donde pronosticaba un 15-14 y salió 20-13, el resto fue bastante similar a mi predicción. Consuelo de tontos, que le dicen. Aquí está provincia por provincia:
Fuente: Elaboración en base a resultados oficiales usando el simulador de

   Aclaración: Para el cálculo tuve que separar al Frente Cívico por Santiago del Frente de Todos pero lo contaba adentro del frente, así que en total son diez las bancas que sumaría el poskirchnerismo—por lo menos antes de que se formalicen nuevas alianzas como con los renovadores misioneros de Rovira. En el caso de los senadores, de vuelta están mal por usar la base de datos de 2015 pero es bastante similar: 16 del FdT, 7 de Juntos por el Cambio y Weretilneck de Juntos Somos Río Negro, que fue aliado del gobierno pero no necesariamente siga siéndolo a partir del 10 de diciembre. En cuanto a cómo quedarían conformadas las cámaras de repetirse los resultados (no creo que varíe mucho aunque la diferencia sea más amplia, como mucho el FIT podrá meter a Myriam Bregman y quizás sume un legislador más la coalición ganadora), los chicos de La Nación Data publicaron la proyección de bancas. No sé exactamente cómo llegan al 117 porque sumando los seguros me daba 102 y yo incluía al FCS, pero en cualquier caso "carroneando" ediles del bloque Justicialista podría llegar a 120, teniendo así una primera minoría y quedando a sólo nueve del quórum propio. En cuanto al Senado sumaría 36 sin contar los dos santiagueños, o sea que tendría la mayoría. Mientras tanto, Cambiemos sumaría un par de legisladores y terminaría con 111 diputados y 28 senadores.
   Y por el lado de la discusión del debate por la legalización del aborto, Andrés Snitcofsky (@rusosnith) y Lucía Wei He hicieron un análisis mucho mejor que el mío aquí. A mí me faltaba la postura de Silvia Sapag porque cuando buscaba encontraba a Alma, pero mi mayor error fue ignorar—posiblemente por prejuicio porque todos los salteños habían votado en contra—que la compañera de fórmula de Leavy, Nora del Valle Giménez está a favor. Fuera de eso ingresan dos verdes en Capital en reemplazo de dos celestes, pero por otro lado se pierde un voto verde en Chaco y por Crexell que se abstuvo entraría Quiroga que es celeste. Hay dos indefinidos, Kueider por Entre Ríos que reemplaza a un verde y Neder en Santiago del Estero que reemplaza a un celeste, así que la distribución sería 12-10-2. Sumando a Catalfamo entre los verdes y a Mirabella entre los indefinidos, queda 33-36-3. Es improbable que los tres hombres voten a favor, pero en un escenario de mayor paridad es más factible que ocurra lo mismo que con el matrimonio igualitario. En Diputados claramente hay demasiadas incógnitas para hacer un análisis profundo, esperemos que se pueda mantener la diferencia favorable.

   Después de sacarle todo el jugo que pude a unas primarias que no definen nada pero que definieron todo, ahora toca hablar de economía. Luego de que el viernes subieran todas las acciones porque había una encuesta que daba paridad, era de suponerse que un resultado desfavorable provocaría una caída fuerte, pero obviamente nadie imaginó lo que ocurrió ese lunes 12. Entre un dólar que subía incontrolable porque el Banco Central no quería regalar reservas para frenarlo y la espantosa conferencia de prensa de Macri, había indicios de que se podía presentar un escenario similar al de Alfonsín 1989—en el que el resultado electoral más las declaraciones de Cavallo y Di Tella aceleraron el fin del Plan Primavera. Las declaraciones de Alberto Fernández sosteniendo que había un virtual default y que el dólar estaba atrasado claramente no ayudaban a calmar la situación, mientras que casi no se había podido renovar las Leliqs en manos de los bancos porque los ahorristas en pesos estaban saliendo de sus plazos fijos y sus fondos comunes de inversión (FCI), lo que obligaba al BCRA a emitir papel pintado en reemplazo, como explicó muy bien Maximiliano Montenegro en Maxi al mediodía. Esto último fue parecido a la implosión de las Lebacs en el 2018, con la diferencia de que aquí las letras de liquidez están en manos de los bancos y no de individuos o FCI. Por suerte, el miércoles Macri dio señales en sentido contrario con un mensaje grabado y sobre todo anunciando que se había puesto en contacto con Alberto Fernández. Por su parte, éste consideró que el dólar a 60 estaba bien y que la actitud de Sandleris de no derrochar reservas había sido la correcta. De cualquier manera, todo lo que estaba atado con alambres antes de las primarias ahora está atado con las cuerdas de la guitarra de Alberto, y un punteo incorrecto (si se me permite la analogía espantosa) puede romper el delicado equilibrio y volver a abrir la canilla.
   La mención a Alfonsín merece un párrafo propio. Está claro que la comparación entre él y Macri es muy forzada y no tiene ningún sentido (Don Raúl tenía a los militares en la calle y a los sindicatos y los empresarios enfrente desde el minuto uno, mientras que a Macri le hicieron el mínimo número de paros suficiente para satisfacer a las bases, ídem los movimientos sociales) pero como tanto Alberto ahora como Lavagna a comienzos de año tenían en mente un escenario similar al del 2003, en donde llegarían con la devaluación hecha y tendrían mayor libertad para negociar, me veo en la necesidad de mencionar que esta situación no se parece a esa y en cambio sí está la amenaza latente de una crisis como la 1989-90. La principal diferencia es la ausencia de inflación al momento de asumir Kirchner, lo que posibilitaba que la moneda se mantuviera muy competitiva durante todo su mandato. A eso se le suma que en ese momento había cesación de pagos así que el ingreso extraordinario por las exportaciones podía ser utilizado para recomponer salarios y jubilaciones, mientras que ahora tenemos un rápido traslado a precios y una bola grande de deuda de corto plazo que deberá afrontar el próximo presidente. Con el riesgo latente de una hiperinflación, si Menem tuviese conciencia de tiempo y lugar probablemente le podría aconsejar no hacer nada de lo que hizo él en sus primeros años—incluyendo propiciar el adelantamiento del traspaso de mando. La situación no es tan grave como en aquel '89, pero sin lugar a dudas se han ido acumulando los problemas no resueltos desde el segundo mandato de Cristina y es muy difícil que se pueda crecer sustentablemente (como se creyó en algún momento cuando la bicicleta financiera de las Lebacs estaba perfectamente aceitada).

   Quería hacer un comentario sobre la posición de Alberto Fernández vis a vis Venezuela. Entiendo que tiene problemas para ser contundente cuando muchos de los que lo apoyan siguen repitiendo que la crisis no es por culpa del desastre del chavismo sino por un bloqueo estadounidense que empezó mucho después, pero hay algo que no puede ignorar: con la llegada de Bolsonaro Brasil parece encaminado a concretar lo que hace décadas quería hacer, que es resignar el liderazgo regional para pensar otro tipo de alianzas sin la carga del Mercosur; esto hace que el puesto esté vacante, y el candidato natural es Argentina. Ya sabemos qué hizo Macri en esa posición: se calzó la medalla de un acuerdo con la Unión Europea que fue abortado antes de las doce semanas—período en el que es legal a lo largo de Europa. El punto al que quiero llegar es que Alberto no puede desentenderse de la crisis a nivel regional y solamente atinar a hablar de la contundencia del informe de Bachelet (como si fuera necesario) y que está de acuerdo con México y Uruguay y se opone a una intervención militar. Esto último ya ha sido rechazado por el mismo Club de Lima y nadie piensa seriamente en esa posibilidad, y la posición de México y Uruguay es irrelevante desde la intervención de Noruega para las conversaciones entre el oficialismo y la oposición. El problema es que como se sabe el poder no está sólo el zar Nicolás, sino también en los camaradas Vladimir y Diosdado—y estos no están esperando precisamente a Godot. Entonces sería importante que Argentina asumiera el liderazgo e intentara intervenir para encontrar una solución, aunque ésta sea otorgarles residencia en los hoteles de Cristina en El Calafate. Eso es más importante que discutir si es una dictadura o un "gobierno de rasgos autoritarios".

   Finalmente, unas palabras a raíz del contundente triunfo de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. Probablemente tenga muchos apoyos en la Legislatura, pero para que la administración sea viable claramente depende de los recursos de la Nación. Él probablemente lo sepa, ya que era viceministro y secretario de Planeamiento cuando dejaron de mandarle dinero a Sholi y casi tiene que terminar emitiendo patacones para pagar sueldos. Urge entonces que de una vez por todas se discuta una ley de coparticipación justa. Quizás más adelante también sean necesarias otras planteando cumplicar la ley en relación a la distribución de bancas y posiblemente que se divida la provincia para  que no se vuelva un agujero negro (y mover la capital a Viedma - Carmen de Patagones, ¡por qué no!), pero desgraciadamente en medio de las crisis no hay lugar para pensar en el largo plazo.

Hasta octubre.

sábado, 25 de mayo de 2019

Here it goes again (OK Go)

    Días antes del cierre de las candidaturas, Cristina Kirchner decidió poner como candidato a un hombre que nunca fue del riñón y que recibió acusaciones de ser empleado de Clarín, de la Embajada de EEUU y del campo. Para que fuera más fácil de digerir, fue como compañera de fórmula una persona fanática y (co-)fundadora del modelo, alimentando así las interpretaciones de que el presidente sería un mero títere de su vice que podría ser removido de ser requerido (esto tanto para la militancia como para el antikirchnerismo duro).
   Como queda claro, lo anterior se refiere a la fórmula Sholi-Zannini puesta por la expresidenta en el 2015. El en ese entonces gobernador era fustigado desde la usina oficialista 6, 7, 8, que llegó a igualarlo a Macri y a Massa como candidatos de "los buitres". A su vez, era un habitué del programa de Marcelo Longobardi, un referente de la corpo en Radio Mitre, nunca faltaba al stand de Clarín en Mar del Plata y hasta iba a La Rural—y no precisamente a presentar libros. Sabiendo que los kirchneristas no sólo toleraron la elección de CFK sino que hasta lo militaron, bajo la idea de que "el candidato [era] el Modelo", suena bastante lógico que ahora acepten fácilmente a Alberto Fernández como candidato presidencial a pesar de todas las cosas que se dijeron mutuamente en la última década. Es cierto que a diferencia de Sholi él sí se fue, apoyando a Massa en 2013 y a Randazzo en 2017 que fueron aportes fundamentales para las derrotas del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires (ignoremos por un minuto que Randazzo hasta había sido aplaudido por Carta Abierta antes de la presentación de la fórmula y luego quedó como el culpable de la derrota por negarse a ser candidato a gobernador); pero lejos está de ser un sapo tan grande de tragar, como tampoco lo sería Massa a quien esperan con los brazos abiertos. También es cierto que a Alberto lo eligió de verdad, mientras que con Sholi se tuvo que conformar y nunca tuvo muchas ganas de que triunfara.

   Mi intención con lo anterior fue remarcar que muchos de los análisis que se están haciendo en estos momentos ya se habían hecho hace cuatro años, esto es: la duda de si el presidente será un títere de su vice o una vez que llegue al poder sea él quien tome las decisiones, la posibilidad de que al tener al frente a una figura menos polarizante haría que la grieta se fuera cerrando, si volverá Clarín a ser socio del kirchnerismo como antes del conflicto con el campo, si habrá un viraje en la política exterior (o para este caso, una continuidad con el macrismo) alejándose del chavismo y realineándose con Estados Unidos. Siendo que la última vez no pudimos resolver ninguna de esas dudas, parece una pérdida de tiempo volver a intentarlo o incluso marcar las diferencias (que las hay y muchas) entre el 2015 y el hoy. De todas maneras, sí puede ser útil, al menos para entretenerse un rato, evaluar los casos anteriores de relaciones entre un presidente y un vice cuando hay diferencias ideológicas en el medio.

   Aunque muchos (y muchas) rápidamente compararon a Cristina con Selina Meyer, el personaje maquiavélico interpretado por Julia Louis-Dreyfus en Veep y otros con Dick Cheney por la recientemente estrenada película con Christian Bale en el rol del Vice de George 'Dubya' Bush, yo prefiero remitirme a casos más terrenales y más cercanos en el territorio. Para empezar, es imposible no recordar a Julio Cobos en el 2008 cuando la fórmula presidencial fue protagonista del momento. Como los kirchneristas admiten, se acabó el tiempo de la redistribución y los años siguientes van a ser de ajuste y sometimiento al FMI (lo que llevó a algunos a decir que a CFK no le convenía ganar porque se ensuciaría su imagen para los libros de Historia), entonces no es irracional especular con que habría diferencias al interior de la fórmula como ocurrió durante el conflicto con el campo. Es más, Cobos, que fue tildado de traidor incluso aunque posiblemente evitó una guerra civil, le pidió repetidas veces disculpas a Cristina, porque claramente no había detrás de su postura un plan de derrocar al gobierno. Sabemos cómo terminó, la relación se rompió para siempre y cuando juró Boudou el 10 de diciembre de 2011 la señora celebró lo lindo que era tener vicepresidente. (Side note: siendo que en su libro Sinceramente la expresidenta básicamente reconoció que fue un error y le echó toda la culpa a Lousteau por la decisión de las retenciones móviles, ¿se viene una reivindicación de Julio César Cleto? Yea, didn't think so)
   Quedándonos en Argentina, también es inevitable citar el caso de De la Rúa y Carlos 'Chacho' Álvarez, en donde el vice renunció en medio del escándalo de las coimas en el Senado. La mayoría de los analistas (citation needed) coinciden en que ese fue el comienzo del fin del gobierno de la Alianza, que se fue en una espiral de ajuste y con crisis política y social descomunal. Ese fantasma que tanto han agitado en la oposición a Macri probablemente fue, junto con el episodio de Cobos, una razón fundamental para no ofrecerle la vicepresidencia a un radical en el 2015, aunque está por verse si ocurrirá en estas elecciones. De ninguna forma creo que estemos en una situación parecida al 2001—en todo caso una comparación más lógica podría ser los 80s donde al endeudamiento externo se le sumaba una inflación descontrolada—pero es cierto que el peso de la deuda y el programa del FMI son problemas muy graves y que una disputa política a la interna de la coalición podría retroalimentar los problemas económicos.
   Siendo ambos peronistas se podría mencionar acá la relación conflictiva entre Menem y Duhalde que se resolvió cuando el Cabezón fue 'bajado' a gobernar la provincia de Buenos Aires porque el Carlo' no quería dejarle el sillón, y por otro lado la de Kirchner con Sholi, que como no tiene personalidad fue siempre pasado por arriba. También han hecho la comparación con Kirchner pero por haber sido elegido por Duhalde, en donde muchos creían que iba a ser un 'chirolita' de éste pero terminó concentrando todo el poder. Claramente no es un caso comparable al actual porque Néstor tenía el poder de la lapicera para someter a los gobernadores provinciales mientras que, luego del fallo de la Corte de 2015 por la coparticipación, ahora las provincias son menos dependientes de la administración central.
   Como a diferencia de EEUU, en donde los vicepresidentes son efectivamente un cargo decorativo/premio consuelo (de hecho fue creado para que lo ocupara el segundo más votado, siendo John Adams el beneficiario al sacar la mitad de los votos electorales de Washington), en la América Latina de instituciones y partidos políticos frágiles son más comunes los gobiernos de coalición, el caso paradigmático es Brasil—en donde, por la dispersión del Congreso, hay un presidencialismo cuasi parlamentario. El ejemplo más cercano es el del impeachment a Dilma Rousseff en 2016, cuando por la crisis económica y las denuncias de corrupción que afectaban a todos los partidos se quebró la alianza que venía gobernando desde el 2003 entre el PT y el PMDB, y el vicepresidente y el presidente de la Cámara de Diputados (ambos actualmente detenidos, a diferencia de la ex mandataria) abiertamente complotaron para voltear al gobierno del que formaban parte. Sin embargo, ésta no fue la primera ocasión en donde ocurrió eso, ya que también por denuncias de corrupción se le comenzó un juicio político a Fernando Collor de Mello—el de la canción de Maná, Cuando los ángeles lloran—que acabaría renunciando para ser reemplazado por Itamar Franco, también del PMDB. En la actualidad, aunque este partido ha quedado relegado por la crisis política, también hay una coalición tácita en el gobierno de Bolsonaro entre los fanáticos que pelean contra los molinos de viento comunistas, como el ministro de Educación Abraham Weitraub y el de Relaciones Exteriores Ernesto Araújo (no me hago responsable por los otros Ernestos), los militares de la vieja guardia que pusieron al vicepresidente Hamilton Mourão y los tecnócratas, que básicamente son el ministro de Economía Paulo Guedes y el de Justicia, ex juez de la Lava Jato y wannabe miembro del Tribunal Supremo, Sérgio Moro. Ya han ocurrido choques dialécticos entre Mourão y los hijos de Bolsonaro, por lo que hay quienes piensan que el vice es la única posibilidad de controlar que el ex capitán no haga demasiadas locuras. Pasó poco tiempo, pero hasta ahora parece que va a ocurrir como con los republicanos que iban a contener a Trump.
   Como cuenta el periodista Carlos Pañi que cita el asesor presidencial Jaime Durán Barba, el ex presidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra dijo alguna vez "El vicepresidente es un conspirador a sueldo"—ya que ganó cinco elecciones y fue destituido en múltiples oportunidades, dos de ellas luego de proclamarse dictador. Por eso, el último ejemplo que quiero abordar es el de Ecuador, en donde el ex presidente Rafael Correa designó como sucesor a alguien que no era de su grupo más cercano, Lenín Moreno, y le puso como vice a su hombre de confianza Jorge Glas. La alianza triunfó, a diferencia de Sholi-Zannini, pero de arranque hubo un giro de 180º en la relación con los grupos de poder—posiblemente entendiendo que con el gran endeudamiento externo y la deflación producto de la dolarización iba a ser muy complicado seguir haciendo populismo—opositores al correísmo y forzó la renuncia de Glas por sobornos de Odebrecht en un contrato que al principio fue cancelado pero luego retomado. Éste luego tendría prisión preventiva y sería condenado. Correa desde su casa en Bélgica denunció la alianza entre Moreno y el ex presidente Abdalá Bucaram y lo acusó de querer terminar con la "revolución ciudadana", empezando así la campaña para las elecciones de 2021. Consecuentemente fue llamado a juicio por una causa sobre el secuestro del legislador opositor Fernando Balda y el anterior mandatario rechazó presentarse, alegando persecución política (¿Suena familiar?).

   Los casos mencionados pueden resultar antojadizos y probablemente lo sean, pero sirven para ilustrar que no es tan insignificante el cargo como lo quieren minimizar cuando dicen que es el que "toca la campanita" en el Senado. Y teniendo el antecedente de Sholi, en donde algún intelectual kirchnerista llegó a soñar con que sufriera un accidente para que asumiera el más del riñón Zannini, el fantasma del "doble comando" puede o no afectar la gobernabilidad (EDIT: especialmente si hablamos de alguien que piensa de forma tan diferente al núcleo duro como Alberto Fernández, además de tener entre sus referentes económicos al liberal Guillermo Nielsen aka "el hombre de los rátings"). Todo está por verse, claramente, pero especular no cuesta nada.

   Con ese escenario en el kirchnerismo, resta por verse cómo se alinean los demás frentes de aquí al cierre de listas del 22 de junio. Ha habido muchos rumores sobre la posibilidad de que Massa abandone Alternativa Federal y vuelva a cerrar con su antigua jefa, especialmente después de la congratulación que le envió por el presunto "renunciamiento histórico". Los intendentes bonaerenses desearían que fuera el candidato a gobernador, más que nada porque no quieren tener nada que ver con el favorito de Cristina, Axel Kicillof, pero hasta ahora el tigrense no quiere saber nada con ese territorio ingobernable. Se ha llegado a decir que él espera que la ex presidenta se baje de la fórmula para así poder competir en una interna contra Alberto Fernández, lo que parece difícil.

   El evento más importante es sin dudas la Convención Nacional del radicalismo este domingo. En ésta se va a definir si la UCR continúa en Cambiemos, reclama ampliar a otros sectores opositores o—lo que ahora está casi descartado por cómo se desinfló el ex ministro de Economía—romper la alianza e ir con Roberto Lavagna. En realidad hay pocas dudas de que van a ratificar su continuidad y como mucho pedir que se abran un poco más, pero la discusión interna puede ser interesante por el lugar que han tenido los radicales en esta administración. Y es que desde el principio quedó claro que no era una coalición de gobierno al estilo de los parlamentarismos europeos, sino una coalición estrictamente electoral que implicaba una transacción: la UCR le entregaba el territorio al Pro para poder penetrar en todo el país, y a cambio ampliaba la cantidad de gobernaciones e intendencias en su poder. Al principio parecía que estaba surtiendo efecto, ya que ganaron Mendoza y Jujuy y estuvieron muy cerca en Santa Cruz (todos lugares en donde el frente fue más amplio que sólo UCR + Pro), perdiendo por la Ley de Lemas, y luego de las elecciones del 2017 parecían encaminarse a anotarse un par más de distritos. Todo cambió luego de la crisis del año pasado, y ahora no sólo no tiene chances de sumar más gobernaciones sino que está perdiendo capitales, habiendo ganado el peronismo en Córdoba por primera vez en 43 años y habiendo caído en Santa Rosa, La Pampa contra el camporista Luciano Di Nápoli, además de correr riesgo cierto en Santa Fe y Paraná (ya en el 2015 habían perdido Resistencia contra Jorge Capitanich). De hecho, Alfredo Cornejo, el presidente del Comité Nacional y gobernador saliente de Mendoza, prácticamente reconoció el fracaso de Gualeguaychú al pedir una alianza antikirchnerista más amplia por la necesidad de gobernar a partir del 11 de diciembre. En ese escenario, tiene sentido que muchos radicales estén descontentos con el estado de cosas. Aun así, el macrismo está convencido en que los va a lograr retener de su lado con el argumento de la clásica canción navideña—ahora considerada daterape-y) "Baby, it's cold outside": antes de lanzarse al vacío, es preferible quedarse adentro y a lo sumo intentar conseguir mayor presencia en el gobierno.

EDITO POST CONVENCIÓN: Tal como se esperaba, los radicales votaron en masse para continuar en Cambiemos, requiriendo al comité que reclame "abrir" la coalición. Básicamente, quieren mayor participación en la toma de decisiones y si es posible conseguir la vicepresidencia, lo que podría hacer que ambos frentes con chances de ganar tengan conflictos a futuro por todo lo antedicho. En lo personal me cuesta creer que Macri vaya a cederle ese lugar a un radical, sabiendo de la desconfianza que les tiene, pero quizás eso indique cuán débil está. Durante cuatro años se negó a sentarlos en la mesa chica y, cuando a comienzos de septiembre pasado el gobierno zozobró como nunca (mientras el dólar escalaba a 42, lo que ahora parece tan lejano) y Marcos Peña puso su renuncia a disposición para que lo reemplazara Ernesto Sanz, el presidente se opuso tajantemente.

   Por otro lado, es un secreto a voces que Massa se prepara para saltar con su antigua jefa luego de que Schiaretti dinamitara Alternativa Federal con el insólito pedido de sumar a Sholi y a Marcelo Tinelli, provocando que Lavagna rompiera, y tanto el cordobés como Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto se mostraran sonriendo con Macri. Es curioso cómo, a pesar de que algunos decretaron el fin de la grieta con el anuncio de la candidatura de Alberto Fernández, lo que terminó de ocurrir fue que desapareció el espacio del medio—y no precisamente porque los extremos se acercaron a éste, como mucho amagaron a hacerlo. En el 2015 hubo una tercera fuerza que aunque no tuvo chances de competir se mantuvo firme en 20 puntos, ahora todo hace pensar que la polarización será mucho mayor y que macrismo y kirchnerismo concentrarán el 80% de las bancas en disputa (Principio de Pareto), al menos en la provincia de Buenos Aires.
   Hablando de ésta, con el anuncio de la candidatura a gobernador de Axel Kicillof junto con la intendenta de La Matanza Verónica Magario se abre otro potencial foco de conflicto con los "barones" del Conurbano, que pretendían a alguien que no espantara votos peronistas—para no repetir la fuga de votos del 2015 que posibilitó el triunfo de María Eugenia Vidal. Kicillof no tiene la mala imagen que tenía Aníbal Fernández, a.k.a. La Morsa, pero para el PJ bonaerense viene con el recuerdo del período más radicalizado del gobierno de Cristina, cuando muchos de ellos se fueron con Massa. No se van a quedar sin sapo para tragar, está claro. Por otro lado, como existe la chance cierta de que la fórmula presidencial arrastre a Kicillof hacia un triunfo por ausencia de segunda vuelta en la provincia, en el gobierno de Vidal están lamentando seriamente no haber adelantado la elección y se especula con la idea delirante de que vaya en una colectora con un candidato peronista, cuando en abril habían sacado un decreto para prohibir exactamente eso. La necesidad, que le dicen.
   (De todas maneras, no se entiende por qué criticaban tanto eso cuando en el 2015 ayudó a que Gerardo Morales triunfara. Algo similar pasó en Santa Cruz, donde el también radical denunció a la Ley de Lemas como inconstitucional pero participó con otro sublema, haciendo que de haber ganado lo hubiera hecho gracias a una norma que consideraba ilegítima. Cosas de la política.)
   ¿Dónde queda Lavagna en todo esto? Luego de la reelección de Schiaretti se especulaba con que esa victoria y la potencial del socialismo en Santa Fe darían vuelo a su candidatura para llegar a agosto como la principal alternativa a macrismo y kirchnerismo, pero desde que CFK eligió a Alberto—y el ex ministro de Economía oficializó su postulación como al pasar—se ha caído a pedazos, y como mucho puede aspirar a ser una piedra en el zapato del oficialismo. Probablemente se mantenga, sobre todo si Massa se suma finalmente al poskirchnerismo, pero aquella ilusión de verano de una opción apoyada por el peronismo federal y el progresismo fue sepultada por la realidad, y en estos momentos sus únicos apoyos son Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, el socialismo y el muy cuestionado sindicalista Luis Barrionuevo (aunque Lavagna diga que eso es cosa del gorilaje).

EDITO 2 POST ANUNCIO DE VICE: Después de la negativa de Sanz a volver a la política activa, se empezaron a tirar diversos nombres desde Urtubey hasta Lousteau—incluso poniendo a Luis Brandoni como opción. Por recomendación de Durán Barba que sostiene que debía ser mujer, se mencionó la posibilidad de que fuera una radical joven y a favor del aborto legal. Resulta natural, entonces, que el hombre elegido sea Miguel Pichetto (pronúnciese Piqueto), que entre todos los requisitos sólo cumple estar a favor del aborto legal. Es mejor que Michetti, eso sí. Siendo que antes de las elecciones del 2015 Macri había inaugurado un monumento a Perón con Moyano al lado no debería resultar sorpresivo, pero hablaron tanto sobre los 70 años de fracasos que sus votantes creyeron de verdad que el Pro era antiperonista. De forma similar a Alberto Fernández, no queda claro si Piqueto aporta algún voto pero al menos da esa idea de apertura que requerían los tan denostados radicales. Y es que como dije arriba, era muy difícil de imaginar que finalmente les entregara la vicepresidencia, por lo que la designación de un peronista "republicano" de los que le gustan a Macri hasta parece natural—si no fuera porque lo atacaron mucho identificándolo como el garante de la impunidad de Cristina y de Menem en el Senado. Por otro lado, resta por saber a qué jugarán Schiaretti y Urtubey luego de que se le fue la mitad de la mesa fundadora de Alternativa Federal. Está claro que están más cerca de Macri que de Alberto Fernández, pero si finalmente se presentaran le terminarían robando votos así que es posible que empiece un trabajo de seducción (aunque la fecha límite para presentar las listas sea mañana). Esta designación no hace más que alimentar la idea de que sólo hay dos opciones de poder, después de todo. Y contribuye a aumentar el riesgo de conflicto en tiempos de ajuste prolongado, ya que aplica todo lo expuesto para la otra fórmula presidencial.

   Para cerrar esta entrada, no podía dejar de escribir unos renglones sobre las elecciones provinciales. Hasta ahora, han ganado los oficialismos en todos los distritos, siendo el más representativo el triunfo contundente de Schiaretti en Córdoba. El sueño de Cambiemos hasta hace sólo un año de duplicar la cantidad de provincias se diluyó completamente, y puede quedar como aquel chiste de 1987 de UCRN "Únicamente Córdoba y Río Negro". No sólo no pudo ampliar sino que corre riesgo real la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 40% de los electores.
   El único lugar en donde está en discusión la victoria oficialista es Santa Fe, donde a diferencia de Neuquén o Río Negro (en donde el macrismo abandonó a sus candidatos para apoyar a los gobernadores contra el kirchnerismo) el gobierno nacional prefiere al peronista Omar Perotti antes que al socialismo. Es ciertamente la contienda más interesante de aquí a las elecciones nacionales, para ver si Perotti podrá mantener todos los votos que fueron a María Eugenia Bielsa—particularmente en la ciudad de Rosario, donde la arquitecta obtuvo prácticamente la misma cantidad que él—y si Antonio Bonfatti puede sumar algún voto antiperonista que fue en las PASO a José Corral. Lo cierto es que éste ha bajado mucho la cantidad de votos que sacó Del Sel hace cuatro años, lo que podría indicar que todos los votos filoperonistas ya migraron a Perotti en la interna. El intendente santafesino puede jugar paradójicamente como árbitro, ya que de los votos que pueda retener dependerá si el Frente Progresista extiende su hegemonía otro período o vuelve el PJ después de doce años. Curioso destino del ex presidente radical, que rompió con el FPCyS luego de haber sido reelecto (y de oponerse a la alianza con el Pro) creyendo que Cambiemos sería el mejor vehículo para la gobernación, llevó a un triunfo espectacular al ignoto fuera de la capital Albor Cantard, ex rector de la Universidad Nacional del Litoral, y cuando parecía que se encaminaba hacia la Casa Gris... pasaron cosas, como dijera un hombre sabio. Para colmo, lo más probable es que el socialismo concrete el entrismo en la ciudad de Santa Fe gracias al ex periodista Emilio Jatón y le dé el golpe de gracia a una UCR que no para de perder intendencias.
   La otra elección interesante se da en Rosario, donde Pablo Javkin puede conseguir la victoria contra el peronista Roberto Sukerman luego de haber derrotado al PS en la interna, que llevaba a Verónica Irizar. Hace cuatro años había pronosticado que él y Corral ganarían para renovar el Frente desde adentro, sobre todo en Rosario en donde el socialismo gobierna desde hace treinta años—24 si no se cuenta al menemista Héctor Cavallero—haciendo lo que había intentado Roque Sáenz Peña dentro del Partido Autonomista Nacional en su momento. Como se enfrenta a un PJ que no ha ganado en la ciudad desde 1973 tiene todo para ganar, aunque luego de lo de Córdoba esas estadísticas importen poco. Sólo esperemos que Javkin no lleve a cabo todos sus proyectos de ganar, ya que algunos suenan un poco totalitarios.

   We're back, baby (no como otros).

   POST SCRIPTUM: El pasado lunes 27 falleció el querido Tuqui, comediante y connoisseur de rock nacional con quien tuve el placer de relacionarme gracias a Twitter. Aunque en los últimos tiempos por sus problemas de salud no estaba muy activo, seguía escribiendo y haciéndonos reír con su mirada inteligente y ácida en el sitio de María Julia Oliván, Border. Allí escribió incluso sobre su relación con la muerte que nos espera a todos, y también nos mostró cómo es el sistema kafkiano de burocracia al que están sometidos aquellos que sufren de alguna discapacidad.