Días antes del cierre de las candidaturas, Cristina Kirchner decidió poner como candidato a un hombre que nunca fue del riñón y que recibió acusaciones de ser empleado de Clarín, de la Embajada de EEUU y del campo. Para que fuera más fácil de digerir, fue como compañera de fórmula una persona fanática y (co-)fundadora del modelo, alimentando así las interpretaciones de que el presidente sería un mero títere de su vice que podría ser removido de ser requerido (esto tanto para la militancia como para el antikirchnerismo duro).
Como queda claro, lo anterior se refiere a la fórmula Sholi-Zannini puesta por la expresidenta en el 2015. El en ese entonces gobernador era fustigado desde la usina oficialista 6, 7, 8, que llegó a igualarlo a Macri y a Massa como candidatos de "los buitres". A su vez, era un habitué del programa de Marcelo Longobardi, un referente de la corpo en Radio Mitre, nunca faltaba al stand de Clarín en Mar del Plata y hasta iba a La Rural—y no precisamente a presentar libros. Sabiendo que los kirchneristas no sólo toleraron la elección de CFK sino que hasta lo militaron, bajo la idea de que "el candidato [era] el Modelo", suena bastante lógico que ahora acepten fácilmente a Alberto Fernández como candidato presidencial a pesar de todas las cosas que se dijeron mutuamente en la última década. Es cierto que a diferencia de Sholi él sí se fue, apoyando a Massa en 2013 y a Randazzo en 2017 que fueron aportes fundamentales para las derrotas del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires (ignoremos por un minuto que Randazzo hasta había sido aplaudido por Carta Abierta antes de la presentación de la fórmula y luego quedó como el culpable de la derrota por negarse a ser candidato a gobernador); pero lejos está de ser un sapo tan grande de tragar, como tampoco lo sería Massa a quien esperan con los brazos abiertos. También es cierto que a Alberto lo eligió de verdad, mientras que con Sholi se tuvo que conformar y nunca tuvo muchas ganas de que triunfara.
Mi intención con lo anterior fue remarcar que muchos de los análisis que se están haciendo en estos momentos ya se habían hecho hace cuatro años, esto es: la duda de si el presidente será un títere de su vice o una vez que llegue al poder sea él quien tome las decisiones, la posibilidad de que al tener al frente a una figura menos polarizante haría que la grieta se fuera cerrando, si volverá Clarín a ser socio del kirchnerismo como antes del conflicto con el campo, si habrá un viraje en la política exterior (o para este caso, una continuidad con el macrismo) alejándose del chavismo y realineándose con Estados Unidos. Siendo que la última vez no pudimos resolver ninguna de esas dudas, parece una pérdida de tiempo volver a intentarlo o incluso marcar las diferencias (que las hay y muchas) entre el 2015 y el hoy. De todas maneras, sí puede ser útil, al menos para entretenerse un rato, evaluar los casos anteriores de relaciones entre un presidente y un vice cuando hay diferencias ideológicas en el medio.
Aunque muchos (y muchas) rápidamente compararon a Cristina con Selina Meyer, el personaje maquiavélico interpretado por Julia Louis-Dreyfus en Veep y otros con Dick Cheney por la recientemente estrenada película con Christian Bale en el rol del Vice de George 'Dubya' Bush, yo prefiero remitirme a casos más terrenales y más cercanos en el territorio. Para empezar, es imposible no recordar a Julio Cobos en el 2008 cuando la fórmula presidencial fue protagonista del momento. Como los kirchneristas admiten, se acabó el tiempo de la redistribución y los años siguientes van a ser de ajuste y sometimiento al FMI (lo que llevó a algunos a decir que a CFK no le convenía ganar porque se ensuciaría su imagen para los libros de Historia), entonces no es irracional especular con que habría diferencias al interior de la fórmula como ocurrió durante el conflicto con el campo. Es más, Cobos, que fue tildado de traidor incluso aunque posiblemente evitó una guerra civil, le pidió repetidas veces disculpas a Cristina, porque claramente no había detrás de su postura un plan de derrocar al gobierno. Sabemos cómo terminó, la relación se rompió para siempre y cuando juró Boudou el 10 de diciembre de 2011 la señora celebró lo lindo que era tener vicepresidente. (Side note: siendo que en su libro Sinceramente la expresidenta básicamente reconoció que fue un error y le echó toda la culpa a Lousteau por la decisión de las retenciones móviles, ¿se viene una reivindicación de Julio César Cleto? Yea, didn't think so)
Quedándonos en Argentina, también es inevitable citar el caso de De la Rúa y Carlos 'Chacho' Álvarez, en donde el vice renunció en medio del escándalo de las coimas en el Senado. La mayoría de los analistas (citation needed) coinciden en que ese fue el comienzo del fin del gobierno de la Alianza, que se fue en una espiral de ajuste y con crisis política y social descomunal. Ese fantasma que tanto han agitado en la oposición a Macri probablemente fue, junto con el episodio de Cobos, una razón fundamental para no ofrecerle la vicepresidencia a un radical en el 2015, aunque está por verse si ocurrirá en estas elecciones. De ninguna forma creo que estemos en una situación parecida al 2001—en todo caso una comparación más lógica podría ser los 80s donde al endeudamiento externo se le sumaba una inflación descontrolada—pero es cierto que el peso de la deuda y el programa del FMI son problemas muy graves y que una disputa política a la interna de la coalición podría retroalimentar los problemas económicos.
Siendo ambos peronistas se podría mencionar acá la relación conflictiva entre Menem y Duhalde que se resolvió cuando el Cabezón fue 'bajado' a gobernar la provincia de Buenos Aires porque el Carlo' no quería dejarle el sillón, y por otro lado la de Kirchner con Sholi, que como no tiene personalidad fue siempre pasado por arriba. También han hecho la comparación con Kirchner pero por haber sido elegido por Duhalde, en donde muchos creían que iba a ser un 'chirolita' de éste pero terminó concentrando todo el poder. Claramente no es un caso comparable al actual porque Néstor tenía el poder de la lapicera para someter a los gobernadores provinciales mientras que, luego del fallo de la Corte de 2015 por la coparticipación, ahora las provincias son menos dependientes de la administración central.
Como a diferencia de EEUU, en donde los vicepresidentes son efectivamente un cargo decorativo/premio consuelo (de hecho fue creado para que lo ocupara el segundo más votado, siendo John Adams el beneficiario al sacar la mitad de los votos electorales de Washington), en la América Latina de instituciones y partidos políticos frágiles son más comunes los gobiernos de coalición, el caso paradigmático es Brasil—en donde, por la dispersión del Congreso, hay un presidencialismo cuasi parlamentario. El ejemplo más cercano es el del impeachment a Dilma Rousseff en 2016, cuando por la crisis económica y las denuncias de corrupción que afectaban a todos los partidos se quebró la alianza que venía gobernando desde el 2003 entre el PT y el PMDB, y el vicepresidente y el presidente de la Cámara de Diputados (ambos actualmente detenidos, a diferencia de la ex mandataria) abiertamente complotaron para voltear al gobierno del que formaban parte. Sin embargo, ésta no fue la primera ocasión en donde ocurrió eso, ya que también por denuncias de corrupción se le comenzó un juicio político a Fernando Collor de Mello—el de la canción de Maná, Cuando los ángeles lloran—que acabaría renunciando para ser reemplazado por Itamar Franco, también del PMDB. En la actualidad, aunque este partido ha quedado relegado por la crisis política, también hay una coalición tácita en el gobierno de Bolsonaro entre los fanáticos que pelean contra los molinos de viento comunistas, como el ministro de Educación Abraham Weitraub y el de Relaciones Exteriores Ernesto Araújo (no me hago responsable por los otros Ernestos), los militares de la vieja guardia que pusieron al vicepresidente Hamilton Mourão y los tecnócratas, que básicamente son el ministro de Economía Paulo Guedes y el de Justicia, ex juez de la Lava Jato y wannabe miembro del Tribunal Supremo, Sérgio Moro. Ya han ocurrido choques dialécticos entre Mourão y los hijos de Bolsonaro, por lo que hay quienes piensan que el vice es la única posibilidad de controlar que el ex capitán no haga demasiadas locuras. Pasó poco tiempo, pero hasta ahora parece que va a ocurrir como con los republicanos que iban a contener a Trump.
Como cuenta el periodista Carlos Pañi que cita el asesor presidencial Jaime Durán Barba, el ex presidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra dijo alguna vez "El vicepresidente es un conspirador a sueldo"—ya que ganó cinco elecciones y fue destituido en múltiples oportunidades, dos de ellas luego de proclamarse dictador. Por eso, el último ejemplo que quiero abordar es el de Ecuador, en donde el ex presidente Rafael Correa designó como sucesor a alguien que no era de su grupo más cercano, Lenín Moreno, y le puso como vice a su hombre de confianza Jorge Glas. La alianza triunfó, a diferencia de Sholi-Zannini, pero de arranque hubo un giro de 180º en la relación con los grupos de poder—posiblemente entendiendo que con el gran endeudamiento externo y la deflación producto de la dolarización iba a ser muy complicado seguir haciendo populismo—opositores al correísmo y forzó la renuncia de Glas por sobornos de Odebrecht en un contrato que al principio fue cancelado pero luego retomado. Éste luego tendría prisión preventiva y sería condenado. Correa desde su casa en Bélgica denunció la alianza entre Moreno y el ex presidente Abdalá Bucaram y lo acusó de querer terminar con la "revolución ciudadana", empezando así la campaña para las elecciones de 2021. Consecuentemente fue llamado a juicio por una causa sobre el secuestro del legislador opositor Fernando Balda y el anterior mandatario rechazó presentarse, alegando persecución política (¿Suena familiar?).
Los casos mencionados pueden resultar antojadizos y probablemente lo sean, pero sirven para ilustrar que no es tan insignificante el cargo como lo quieren minimizar cuando dicen que es el que "toca la campanita" en el Senado. Y teniendo el antecedente de Sholi, en donde algún intelectual kirchnerista llegó a soñar con que sufriera un accidente para que asumiera el más del riñón Zannini, el fantasma del "doble comando" puede o no afectar la gobernabilidad (EDIT: especialmente si hablamos de alguien que piensa de forma tan diferente al núcleo duro como Alberto Fernández, además de tener entre sus referentes económicos al liberal Guillermo Nielsen aka "el hombre de los rátings"). Todo está por verse, claramente, pero especular no cuesta nada.
Con ese escenario en el kirchnerismo, resta por verse cómo se alinean los demás frentes de aquí al cierre de listas del 22 de junio. Ha habido muchos rumores sobre la posibilidad de que Massa abandone Alternativa Federal y vuelva a cerrar con su antigua jefa, especialmente después de la congratulación que le envió por el presunto "renunciamiento histórico". Los intendentes bonaerenses desearían que fuera el candidato a gobernador, más que nada porque no quieren tener nada que ver con el favorito de Cristina, Axel Kicillof, pero hasta ahora el tigrense no quiere saber nada con ese territorio ingobernable. Se ha llegado a decir que él espera que la ex presidenta se baje de la fórmula para así poder competir en una interna contra Alberto Fernández, lo que parece difícil.
El evento más importante es sin dudas la Convención Nacional del radicalismo este domingo. En ésta se va a definir si la UCR continúa en Cambiemos, reclama ampliar a otros sectores opositores o—lo que ahora está casi descartado por cómo se desinfló el ex ministro de Economía—romper la alianza e ir con Roberto Lavagna. En realidad hay pocas dudas de que van a ratificar su continuidad y como mucho pedir que se abran un poco más, pero la discusión interna puede ser interesante por el lugar que han tenido los radicales en esta administración. Y es que desde el principio quedó claro que no era una coalición de gobierno al estilo de los parlamentarismos europeos, sino una coalición estrictamente electoral que implicaba una transacción: la UCR le entregaba el territorio al Pro para poder penetrar en todo el país, y a cambio ampliaba la cantidad de gobernaciones e intendencias en su poder. Al principio parecía que estaba surtiendo efecto, ya que ganaron Mendoza y Jujuy y estuvieron muy cerca en Santa Cruz (todos lugares en donde el frente fue más amplio que sólo UCR + Pro), perdiendo por la Ley de Lemas, y luego de las elecciones del 2017 parecían encaminarse a anotarse un par más de distritos. Todo cambió luego de la crisis del año pasado, y ahora no sólo no tiene chances de sumar más gobernaciones sino que está perdiendo capitales, habiendo ganado el peronismo en Córdoba por primera vez en 43 años y habiendo caído en Santa Rosa, La Pampa contra el camporista Luciano Di Nápoli, además de correr riesgo cierto en Santa Fe y Paraná (ya en el 2015 habían perdido Resistencia contra Jorge Capitanich). De hecho, Alfredo Cornejo, el presidente del Comité Nacional y gobernador saliente de Mendoza, prácticamente reconoció el fracaso de Gualeguaychú al pedir una alianza antikirchnerista más amplia por la necesidad de gobernar a partir del 11 de diciembre. En ese escenario, tiene sentido que muchos radicales estén descontentos con el estado de cosas. Aun así, el macrismo está convencido en que los va a lograr retener de su lado con el argumento de la clásica canción navideña—ahora considerada daterape-y) "Baby, it's cold outside": antes de lanzarse al vacío, es preferible quedarse adentro y a lo sumo intentar conseguir mayor presencia en el gobierno.
EDITO POST CONVENCIÓN: Tal como se esperaba, los radicales votaron en masse para continuar en Cambiemos, requiriendo al comité que reclame "abrir" la coalición. Básicamente, quieren mayor participación en la toma de decisiones y si es posible conseguir la vicepresidencia, lo que podría hacer que ambos frentes con chances de ganar tengan conflictos a futuro por todo lo antedicho. En lo personal me cuesta creer que Macri vaya a cederle ese lugar a un radical, sabiendo de la desconfianza que les tiene, pero quizás eso indique cuán débil está. Durante cuatro años se negó a sentarlos en la mesa chica y, cuando a comienzos de septiembre pasado el gobierno zozobró como nunca (mientras el dólar escalaba a 42, lo que ahora parece tan lejano) y Marcos Peña puso su renuncia a disposición para que lo reemplazara Ernesto Sanz, el presidente se opuso tajantemente.
Por otro lado, es un secreto a voces que Massa se prepara para saltar con su antigua jefa luego de que Schiaretti dinamitara Alternativa Federal con el insólito pedido de sumar a Sholi y a Marcelo Tinelli, provocando que Lavagna rompiera, y tanto el cordobés como Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto se mostraran sonriendo con Macri. Es curioso cómo, a pesar de que algunos decretaron el fin de la grieta con el anuncio de la candidatura de Alberto Fernández, lo que terminó de ocurrir fue que desapareció el espacio del medio—y no precisamente porque los extremos se acercaron a éste, como mucho amagaron a hacerlo. En el 2015 hubo una tercera fuerza que aunque no tuvo chances de competir se mantuvo firme en 20 puntos, ahora todo hace pensar que la polarización será mucho mayor y que macrismo y kirchnerismo concentrarán el 80% de las bancas en disputa (Principio de Pareto), al menos en la provincia de Buenos Aires.
Hablando de ésta, con el anuncio de la candidatura a gobernador de Axel Kicillof junto con la intendenta de La Matanza Verónica Magario se abre otro potencial foco de conflicto con los "barones" del Conurbano, que pretendían a alguien que no espantara votos peronistas—para no repetir la fuga de votos del 2015 que posibilitó el triunfo de María Eugenia Vidal. Kicillof no tiene la mala imagen que tenía Aníbal Fernández, a.k.a. La Morsa, pero para el PJ bonaerense viene con el recuerdo del período más radicalizado del gobierno de Cristina, cuando muchos de ellos se fueron con Massa. No se van a quedar sin sapo para tragar, está claro. Por otro lado, como existe la chance cierta de que la fórmula presidencial arrastre a Kicillof hacia un triunfo por ausencia de segunda vuelta en la provincia, en el gobierno de Vidal están lamentando seriamente no haber adelantado la elección y se especula con la idea delirante de que vaya en una colectora con un candidato peronista, cuando en abril habían sacado un decreto para prohibir exactamente eso. La necesidad, que le dicen.
(De todas maneras, no se entiende por qué criticaban tanto eso cuando en el 2015 ayudó a que Gerardo Morales triunfara. Algo similar pasó en Santa Cruz, donde el también radical denunció a la Ley de Lemas como inconstitucional pero participó con otro sublema, haciendo que de haber ganado lo hubiera hecho gracias a una norma que consideraba ilegítima. Cosas de la política.)
¿Dónde queda Lavagna en todo esto? Luego de la reelección de Schiaretti se especulaba con que esa victoria y la potencial del socialismo en Santa Fe darían vuelo a su candidatura para llegar a agosto como la principal alternativa a macrismo y kirchnerismo, pero desde que CFK eligió a Alberto—y el ex ministro de Economía oficializó su postulación como al pasar—se ha caído a pedazos, y como mucho puede aspirar a ser una piedra en el zapato del oficialismo. Probablemente se mantenga, sobre todo si Massa se suma finalmente al poskirchnerismo, pero aquella ilusión de verano de una opción apoyada por el peronismo federal y el progresismo fue sepultada por la realidad, y en estos momentos sus únicos apoyos son Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, el socialismo y el muy cuestionado sindicalista Luis Barrionuevo (aunque Lavagna diga que eso es cosa del gorilaje).
EDITO 2 POST ANUNCIO DE VICE: Después de la negativa de Sanz a volver a la política activa, se empezaron a tirar diversos nombres desde Urtubey hasta Lousteau—incluso poniendo a Luis Brandoni como opción. Por recomendación de Durán Barba que sostiene que debía ser mujer, se mencionó la posibilidad de que fuera una radical joven y a favor del aborto legal. Resulta natural, entonces, que el hombre elegido sea Miguel Pichetto (pronúnciese Piqueto), que entre todos los requisitos sólo cumple estar a favor del aborto legal. Es mejor que Michetti, eso sí. Siendo que antes de las elecciones del 2015 Macri había inaugurado un monumento a Perón con Moyano al lado no debería resultar sorpresivo, pero hablaron tanto sobre los 70 años de fracasos que sus votantes creyeron de verdad que el Pro era antiperonista. De forma similar a Alberto Fernández, no queda claro si Piqueto aporta algún voto pero al menos da esa idea de apertura que requerían los tan denostados radicales. Y es que como dije arriba, era muy difícil de imaginar que finalmente les entregara la vicepresidencia, por lo que la designación de un peronista "republicano" de los que le gustan a Macri hasta parece natural—si no fuera porque lo atacaron mucho identificándolo como el garante de la impunidad de Cristina y de Menem en el Senado. Por otro lado, resta por saber a qué jugarán Schiaretti y Urtubey luego de que se le fue la mitad de la mesa fundadora de Alternativa Federal. Está claro que están más cerca de Macri que de Alberto Fernández, pero si finalmente se presentaran le terminarían robando votos así que es posible que empiece un trabajo de seducción (aunque la fecha límite para presentar las listas sea mañana). Esta designación no hace más que alimentar la idea de que sólo hay dos opciones de poder, después de todo. Y contribuye a aumentar el riesgo de conflicto en tiempos de ajuste prolongado, ya que aplica todo lo expuesto para la otra fórmula presidencial.
Para cerrar esta entrada, no podía dejar de escribir unos renglones sobre las elecciones provinciales. Hasta ahora, han ganado los oficialismos en todos los distritos, siendo el más representativo el triunfo contundente de Schiaretti en Córdoba. El sueño de Cambiemos hasta hace sólo un año de duplicar la cantidad de provincias se diluyó completamente, y puede quedar como aquel chiste de 1987 de UCRN "Únicamente Córdoba y Río Negro". No sólo no pudo ampliar sino que corre riesgo real la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 40% de los electores.
El único lugar en donde está en discusión la victoria oficialista es Santa Fe, donde a diferencia de Neuquén o Río Negro (en donde el macrismo abandonó a sus candidatos para apoyar a los gobernadores contra el kirchnerismo) el gobierno nacional prefiere al peronista Omar Perotti antes que al socialismo. Es ciertamente la contienda más interesante de aquí a las elecciones nacionales, para ver si Perotti podrá mantener todos los votos que fueron a María Eugenia Bielsa—particularmente en la ciudad de Rosario, donde la arquitecta obtuvo prácticamente la misma cantidad que él—y si Antonio Bonfatti puede sumar algún voto antiperonista que fue en las PASO a José Corral. Lo cierto es que éste ha bajado mucho la cantidad de votos que sacó Del Sel hace cuatro años, lo que podría indicar que todos los votos filoperonistas ya migraron a Perotti en la interna. El intendente santafesino puede jugar paradójicamente como árbitro, ya que de los votos que pueda retener dependerá si el Frente Progresista extiende su hegemonía otro período o vuelve el PJ después de doce años. Curioso destino del ex presidente radical, que rompió con el FPCyS luego de haber sido reelecto (y de oponerse a la alianza con el Pro) creyendo que Cambiemos sería el mejor vehículo para la gobernación, llevó a un triunfo espectacular al ignoto fuera de la capital Albor Cantard, ex rector de la Universidad Nacional del Litoral, y cuando parecía que se encaminaba hacia la Casa Gris... pasaron cosas, como dijera un hombre sabio. Para colmo, lo más probable es que el socialismo concrete el entrismo en la ciudad de Santa Fe gracias al ex periodista Emilio Jatón y le dé el golpe de gracia a una UCR que no para de perder intendencias.
La otra elección interesante se da en Rosario, donde Pablo Javkin puede conseguir la victoria contra el peronista Roberto Sukerman luego de haber derrotado al PS en la interna, que llevaba a Verónica Irizar. Hace cuatro años había pronosticado que él y Corral ganarían para renovar el Frente desde adentro, sobre todo en Rosario en donde el socialismo gobierna desde hace treinta años—24 si no se cuenta al menemista Héctor Cavallero—haciendo lo que había intentado Roque Sáenz Peña dentro del Partido Autonomista Nacional en su momento. Como se enfrenta a un PJ que no ha ganado en la ciudad desde 1973 tiene todo para ganar, aunque luego de lo de Córdoba esas estadísticas importen poco. Sólo esperemos que Javkin no lleve a cabo todos sus proyectos de ganar, ya que algunos suenan un poco totalitarios.
We're back, baby (no como otros).
POST SCRIPTUM: El pasado lunes 27 falleció el querido Tuqui, comediante y connoisseur de rock nacional con quien tuve el placer de relacionarme gracias a Twitter. Aunque en los últimos tiempos por sus problemas de salud no estaba muy activo, seguía escribiendo y haciéndonos reír con su mirada inteligente y ácida en el sitio de María Julia Oliván, Border. Allí escribió incluso sobre su relación con la muerte que nos espera a todos, y también nos mostró cómo es el sistema kafkiano de burocracia al que están sometidos aquellos que sufren de alguna discapacidad.