domingo, 21 de noviembre de 2021

Veep o la política como el arte del disimulo

 
    [SPOILER ALERT] En la cuarta temporada de la aclamada serie Veep, en donde Julia Louis-Dreyfus interpreta a Selina Meyer (vicepresidenta de Estados Unidos que se lleva mal con el primer mandatario y se convierte en la primera mujer presidenta al dimitir éste por problemas de su esposa), durante la campaña electoral se nos presenta una ficción política—dentro de la ficción política. La presidenta en ejercicio había promovido la ley Families First (Familias Primero) pensando que sería muy popular pero se da cuenta de que en realidad no es así y que de ser aprobada probablemente afecte su desempeño en las urnas. Por eso decide que lo mejor es intentar bombardear su propio proyecto para que no sea aprobado, utilizando a la dupla
comic relief de Jonah Ryan y Richard Splett (que creen honestamente que están intentando que se apruebe) para voltear indecisos. Como es una comedia hay un enredo ya que al mismo tiempo la administración ha contratado a los ex funcionarios Amy Brockheimer y Dan Egan para que hagan lobby contra la ley y terminan hablando con los mismos legisladores, provocando una investigación. A fin de cuentas la presidenta se debe involucrar en la operación encubierta para conseguir el último voto en contra y finalmente voltear su proyecto, llevando a que emita la declaración de la imagen.

  ¿Qué lleva a un presidente a festejar un resultado negativo luego de haber saboteado su administración? Probablemente el cálculo político haga que piense que es la mejor manera de asegurarse la sobrevida política. Así, Alberto Fernández festeja una derrota electoral que no fue tan brutal como para dejarlo con muy poco margen de maniobra (pero una derrota al fin), siendo básicamente desplazado por su vice y al mismo tiempo al haber perdido el peronismo en casi todas sus formas consigue que no haya una fila de dirigentes esperando a sucederlo en 2023. Cuando en su discurso el Día de la Militancia (que prudentemente rememora el retorno de Perón a la Argentina que no terminó lleno de cadáveres) dijo que esperaba que en 2023 hubiera competencia en el Frente de Todos en cada una de las categorías sabía él que jugaba de banca: si la situación económica se profundiza y lo lleva a no poder presentarse a la reelección todo estaba perdido de antemano, pero si hubiera una mejoría es el único que puede capitalizarla.

    Analicemos los resultados por un segundo (o un párrafo). El peronismo representado en Todos ganó en nueve provincias y perdió en quince, llegando a salir tercero en Córdoba, Misiones, Neuquén, Río Negro y la cuna del kirchnerismo, Santa Cruz. En dos de las provincias trunfantes, Tucumán y San Juan, el PJ gobernante pasó de ganar por diez puntos en las primarias a llevar una ventaja de sólo dos puntos. Juan Manzur y Sergio Uñac, los respectivos gobernadores (el primero en licencia), recibieron por ende un fuerte golpe en su carrera a la presidencia. El santafesino Omar Perotti, que había apostado todo a la Billetera Santa Fe, no sólo perdió estando en la boleta como senador suplente contra la ex-periodista Carolina Losada, sino que salió tercera su candidata a concejal de la capital provincial Jorgelina Mudallel—a quien los santafesinos tuvimos en pantalla buena parte de los últimos nueve meses entre la promoción de la Billetera y la campaña. Claramente falta mucho hasta el 2023 pero sus aspiraciones nacionales quedaron muy debilitadas. Los únicos distritos en donde el peronismo oficialista pudo dar vuelta los resultados fueron Chaco (donde Jorge Capitanich exhortó a sus conciudadanos a alejarse del "demonio" de la oposición y evidentemente fue exitoso porque pasó de perder por ocho puntos y medio a ganar por poco más de uno) y Tierra del Fuego. Aun así, como en esas provincias se elegía un número par de diputados no varió lo obtenido por ambas fuerzas. 'Coqui' podrá creerse presidenciable pero su número es muy bajo—y en una interna quizás no ayude su oposición al aborto legal, aunque quién sabe. Con todo ese panorama en las provincias, que condujo a que el peronismo perdiera la mayoría en el Senado, es evidente que los resultados obtenidos por los "albertistas puros" el irrompible Leandro Santoro y Victoria Tolosa Paz, incluso en la derrota, fueron relativamente buenos respecto a la media nacional. Y sabemos la importancia que se le da al AMBA en la esfera mediática y política.

    Luego de haber pateado el acuerdo con el FMI dos años, incluyendo uno de pandemia en donde parecía que estaban las condiciones para uno más favorable a la Argentina en medio de la crisis global (en comparación con la actualidad, con la jefa del Fondo Kristalina Georgieva muy cuestionada por su actuación con relación a China en el Banco Mundial), da la impresión de que el presidente considera este resultado electoral como el impulso definitivo para cerrar el acuerdo, pretendidamente con apoyo opositor. De cómo se dé éste dependerán los próximos dos años y, en consecuencia, el futuro del gobierno. Aunque esté sin mayorías en ambas cámaras, quedando 118-116 en Diputados tras perder dos bancas y ganar una la oposición y 35-31 en el Senado tras perder cinco senadores y que Juntos por el Cambio sumara cinco (seis y seis si contamos a José Alperovich licenciado eterno por la denuncia de violación de su sobrina y separamos al monobloque de Alejandra Vucasovich, que reemplazó al fallecido Carlos Reutemann en su banca santafesina), no es esperable que tenga demasiados problemas al pasar leyes. Como mucho deberá negociar más en el Senado, realzando la importancia del interbloque Parlamentario Federal compuesto por la neuquina Lucila Crexell, el salteño Juan Carlos Romero y la riojana María Clara del Valle Vega—que habían sido votados en alianza con Juntos por el Cambio y se separaron—además de los monobloques de Misiones, Río Negro y la electa cordobesa Alejandra Vigo, esposa del gobernador Juan Schiaretti; en Diputados la diferencia es menos notable, a pesar de que el no quorum opositor inicial al proyecto de etiquetado frontal de alimentos sirve como muestra de fuerza. Aunque las bancadas opositoras estén más concentradas no se asoma un panorama similar al post-elecciones 2009, donde el kirchnerismo estuvo en real desventaja tras obtener menos del 30% del voto nacional en plena epidemia de la gripe AH1N1 y conflicto con el campo.

    (Speaking of which, necesitaba hacer otro comentario sobre Veep. En la primera temporada Selina debe desempatar un voto en el Senado de una ley apoyada por el presidente contra una enmienda que iba en línea con una campaña suya. Debiendo optar entre su lealtad al primer mandatario que la destrataba y su convicción personal, la vicepresidenta elige la primera opción—a diferencia de Cobos en la mítica votación por las retenciones móviles. Me sentí muy molesto por esa decisión porque pensaba que justamente un hombre habría votado de acuerdo a sus convicciones y habría sido aplaudido, mientras que ella seguramente habría sido cuestionada y se habría dicho que las mujeres no son de confiar y sería mucho más difícil romper ese techo de cristal. Básicamente lo que me enojó de la ficción es que fuera demasiado realista)

    ¿Se puede hacer una proyección de cómo serán las elecciones presidenciales dependiendo del acuerdo con el FMI? Sí y ya se ha hecho, pero darles verosimilitud cuando la Argentina cambia cada semana sería un error. Sobre todo luego de que muchos analistas pensaran tras el triunfo legislativo del 2017 que la reelección de Macri estaba encaminada y que en el 2018 se rompería la tendencia de no poder crecer dos años seguidos desde el 2011. No tenemos idea de quiénes serán candidatos, si Cristina y Macri seguirán en el escenario político o les dejarán espacio a nuevas generaciones, nada básicamente. Por desgracia vamos a tener que seguir viviendo al día, con la esperanza de que alguna vez la situación económica mejore. Por lo menos hasta ver los precios de los alimentos.


    Volviendo a Veep, [SPOILER]luego del voto negativo de la ley de Families First se inicia una investigación del Congreso sobre el pago a lobistas para voltear el proyecto que desencadena en que todos se enteren de que la campaña de Meyer utilizó información confidencial para mandarles mensajes a familiares de chicos muertos. Aun así, la cuarta temporada termina con un cliffhanger sobre quién fue el ganador de las elecciones con un empate en el colegio electoral 269-269 y sin saber cómo estará conformado el futuro Congreso que deberá desempatar. Me pareció fenomenal que con un escándalo de tal magnitud que ahora todos los analistas definirían como un "cisne negro" en base al concepto del anti-antifrágil Nassim Nicholas Taleb el candidato opositor sólo consiguiera empatar. A veces se necesita más que ser la otra opción para conseguir un triunfo, evidentemente se sigue precisando presentar una oferta atractiva a los votantes.

(Sí, ya sé que Veep ya terminó pero yo recién anoche acabé la cuarta temporada así que vamos a pretender que aún no se sabe el resultado)


Edito con fecha 19 de diciembre: siguiendo con lo que decía en un párrafo anterior, el oficialismo se encontró en su primera derrota legislativa importante cuando no consiguió aprobar el proyecto de presupuesto para el año 2022 en Diputados. Luego de haberlo cajoneado durante tres meses y tras un trámite exprés de comisión se encontró con que, después de la asunción de los nuevos legisladores, no contaba con el apoyo necesario. En vez de tratar de devolverlo a comisión para ver si podía conseguir los ocho votos del Interbloque Federal (el peronismo cordobés, el socialismo santafesino,  Randazzo y los lavagnistas  Graciela Camaño y Alejandro 'Topo' Rodríguez) que, sumados a los cinco del Interbloque Provincial Unidas (Juntos Somos Río Negro, el Movimiento Popular Neuquino y el ex-renovador Frente de la Concordia Misionero) que votaron a favor habrían llegado a los 129 necesarios para una mayoría absoluta, prefirieron salir a perder la votación y luego culpar a Juntos por el Cambio. Está claro que es fácil el argumento "Ellos nos endeudaron y ahora nos dejan sin presupuesto" pero lo cierto es que uno no puede depender de que los que fueron votados como oposición decidan ayudar al oficialismo si este no se esfuerza por conseguir los votos. Cuando gobernaba Macri muchas veces los ahora opositores cuestionaban al kirchnerismo que no le votaba ninguna ley y ahora ocurre a la inversa—con la diferencia de que el macrismo casi siempre consiguió los votos necesarios. El kirchnerismo siempre habló de realpolitik cuando gobernaba con mayoría propia y ahora se lamentaba de que la izquierda votara igual que los libertarios.

Resultado de la votación del Presupuesto

    Cabe preguntarse, entonces, si de verdad hicieron todo lo posible por aprobar el presupuesto o prefirieron que el presidente gobierne actualizando las partidas del de este año y acusando a los opositores de golpismo. Si fuera efectivamente así sería una estrategia errónea porque le quedan dos años y hay muchas leyes que va a necesitar aprobar, entre ellas el nebuloso acuerdo con el FMI. La situación en Diputados parece bastante clara: están los 118 legisladores del Frente de Todos (117 más Massa), los 116 de Juntos por el Cambio, los 8 federales, los 5 provinciales, los 4 de la izquierda y los 4 de la derecha, más el bloque SER conformado por el riojano Álvarez y el santacruceño Vidal. Es evidente que, si pensamos que ni JxC, ni la izquierda ni la derecha pueden contarse como votos a favor en la mayoría de los proyectos, los 8 del Interbloque Federal van a ser fundamentales y son a quienes deberían intentar convencer. Si, por el contrario, deciden seguir enfrentándolos y haciendo que se unan al resto de los opositores, va a costarles mucho más aprobar leyes y Alberto deberá gobernar por decreto. Este sería un worst-case scenario que confío que no se va a dar, porque si no las chances de sacar adelante la situación económica van a ser mucho más bajas.